Suspensiones

Las distintas materias primas cerámicas se muelen y pulverizan para poder ser mezcladas entre sí. Para poder trabajar con estas mezclas de partículas sólidas, se realizan suspensiones en las se añade como disolvente agua o vehículos oleosos (grasos).

Las suspensiones cerámicas son de diversos tipos. Tenemos suspensiones con plasticidad, como las pastas cerámicas, que pueden ser conformadas de formas diversas hasta obtener la forma deseada. O también suspensiones más fluidas que podemos utilizar para rellenar un molde, o para aplicar sobre la superficie conformada (engobes y vidriados). 

En algunos casos, será necesario utilizar junto al solvente productos floculantes, defloculantes, suspensivos y aglutinantes para poder trabajar correctamente con las suspensiones.

Hay dos excepciones, dentro de la variedad de procesos cerámicos, en los que no se utilizan suspensiones, que son la decoración o coloreado con disoluciones (compuestos líquidos en lugar de partículas sólidas) y los vidriados atmosféricos (algunos componentes, durante la cocción, están en la atmósfera del horno y se depositan sobre el soporte). 

Una vez hemos trabajado con las distintas suspensiones comienza el proceso de secado, en el que el solvente (el agua comúnmente) desaparece poco a poco por un proceso de evaporación, quedando el trabajo listo para introducirlo en el horno y comenzar el proceso térmico del que obtendremos la cerámica.

En términos generales, una suspensión se compone de partículas sólidas (soluto) introducidas en un medio líquido o solvente. En cerámica se trabaja con partículas sólidas muy pequeñas, por lo que casi siempre estaremos manejando suspensiones coloidales. Esto implica que las distintas materias primas están suficientemente molidas para alcanzar el tamaño de partícula idóneo en cada caso. 

En una suspensión es importante que las partículas de soluto no se disuelvan en el agua, ya que se alteraría el resultado de la mezcla que hemos preparado.

Dependiendo de cómo se haya realizado la suspensión, ésta tendrá unas propiedades reológicas que deberemos ajustar para que el trabajo con ellas cumpla sus objetivos. La densidad, estabilidad, tixotropía, viscosidad, plasticidad y contracción en el secado son fundamentales para que la suspensión funcione adecuadamente.  

La mezcla de las materias primas pulverizadas se muele y se mezcla con el solvente (agua en la mayoría de los casos) hasta obtener una suspensión homogénea y estable. En las pastas cerámicas plásticas la homogeneización se logra con un buen amasado, pero en el resto de suspensiones (coladas, engobes, vidriados, suspensiones colorantes) las suspensiones son más líquidas y su estabilidad es importante. Es decir, las suspensiones deben mantenerse homogéneas y no deben depositar parte de sus componentes en el fondo del recipiente.

La separación de los componentes de una suspensión tiene lugar cuando ponemos demasiado agua en la mezcla o cuando alguno de los componentes tiene mucho peso específico o partículas más grandes. Pero también se produce la decantación si tenemos pocos suspensivos (arcillas o materiales absorbentes), o si en el agua se disuelven productos con cationes alcalinos (defloculación).

Por eso es conveniente que las suspensiones líquidas lleven algún tipo de suspensivo (arcilla grasa, etc..), o sustancias absorbentes (como sepiolita, bentonita u óxido de zinc) o aglutinantes (CMC, gomas, celulosas) para que se densifique y sea estable. Las partículas de grano grueso, o bien se muelen para hacerlas más finas, o bien necesitarán una suspensión más densa para no decantar.

Si la sedimentación se produce, es necesario remover continuamente hasta conseguir de nuevo la homogeneidad de la suspensión, aunque determinados componentes como los alcalinos y el magnesio suelen sedimentar de forma muy dura (algo que se evita añadiendo entre 2 y 5% de bentonita).

Para preparar hasta 50 g de vidriado lo mejor es utilizar un mortero. La mezcla se hace primero en seco machacando y mezclando los componentes, después se añade agua y se vuelve a mezclar hasta lograr la densidad deseada.

Entre 50 y 200 g es mejor mezclar en húmedo en un pequeño molino de bolas o utilizar una botella con bolas que agitamos a mano. Entre 200 g y 2 kg se utilizan también molinos de bolas con recipientes más grandes y bolas de hasta 4 cm de diámetro.

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