Primer fuego

El paso por el horno convertirá nuestra arcilla en cerámica, en otro material distinto, duro y resistente, con sonoridad y capacidad de soportar sin alteraciones el paso del tiempo.

Un aspecto importante del proceso cerámico es decidir si nuestra obra va a tener cubierta o no.

Llamamos cubierta a una capa vidriada que cubrirá la obra, y esto se logra esmaltando la pieza.

Podemos decidir que nuestra obra no tenga cubierta por diversas razones. Por ejemplo si estamos haciendo una escultura puede interesarnos dejar la obra sin cubierta mostrando la textura de la pasta, o bien estamos haciendo un botijo que, para que funcione, debe tener superficie porosa sin cubrir por un esmalte. Puede haber muchas razones que determinen que nuestra obra no necesita cubierta.

También es muy común que solo queramos aplicar cubierta en una determinada zona de la obra. Los azulejos son un claro ejemplo en el que tan solo interesa aplicar cubierta a su cara frontal, ya que los laterales y cara posterior quedarán ocultos al revestir con ellos suelos o paredes y además necesitarán tener poro para adherirse a los cementos que se utilicen al realizar el revestimiento.

Si nuestra obra no va a llevar cubierta, después del Primer Fuego estará terminada. Este proceso cerámico es de Monococción porque solo hemos pasado una vez por el horno. En esta primera y única hornada se deberá alcanzar la temperatura de maduración de la pasta.

A la temperatura de maduración las pastas de baja temperatura mantienen el poro abierto porque no vitrifican; solo si sobrepasamos la temperatura de maduración se cerrarán los poros pero estas pastas comenzarán a deformarse hasta fundirse. Las pastas de alta temperatura como la porcelana y el gres cierran sus poros al alcanzar la temperatura de maduración, sin deformarse, aunque se vuelven viscosas y se pueden deformar si soportan tensiones (por eso nunca se ponen trípodes soportando estas pastas en el horno). El refractario, también de alta temperatura, no llega a cerrar el poro ni a deformarse en todo el proceso de cocción.

La cubierta vidriada es muy útil en muchos casos porque añade decoración por sí sola, o bien recubre con una capa transparente la decoración que esté bajo ella (decoración bajo cubierta) o sobre ella (decoración sobre cubierta). Pero sobre todo, una función clave de la cubierta es que aporta una capa vítrea sin poros a nuestra obra, haciéndola impermeable. De esta forma podremos usar los objetos cerámicos con comidas o con bebidas y además estaremos alargando la vida de la obra evitando que agua y humedad  la vayan erosionando.

Si queremos que nuestra obra lleve cubierta vidriada y que solo pase una vez por el horno deberemos cubrir la pieza cruda y seca con un vidriado, de forma que, tras el primer fuego, obtengamos ya nuestra pieza con cubierta. Estos vidriados, como se aplican sobre la pieza cruda, son un poco especiales y se llaman vidriados de monococción. La temperatura que deberemos alcanzar en nuestra primera y única cocción ya no será la temperatura de maduración de la pasta, sino la temperatura de fusión del vidriado monococción que hemos aplicado. La temperatura de fusión del vidriado monococción debe ser como mucho igual a la temperatura de maduración de la pasta, y si no es así deberemos añadir fundentes al vidriado para rebajarla. 

Los vidriados para monococción tienen menos riesgo de craquelado y es menos probable que el vidriado escurra. La monococción es muy apropiada para una decoración con óxidos, Terra Sigillata, engobes, esmaltinas (engobes con mucho fundente), pasta egipcia o vidriados especiales para aplicar en crudo (que son vidriados a los que se añade arcilla). 

De esta forma habremos obtenido nuestra obra terminada.

Pero hay muchas técnicas de decoración y muchas cubiertas (vidriados) que no se adaptan bien a su aplicación sobre la pieza cruda. Necesitan que la pieza ya esté cocida para poder utilizarse.

Si queremos usar técnicas de decoración o aplicar vidriados sobre piezas cocidas, nuestro primer fuego será un poco distinto. Pasaremos la pieza cruda por el Primer Fuego, pero sin llegar a la temperatura de maduración, de forma que obtengamos cerámica (dura y sonora) pero con los poros abiertos para que podamos aplicar decoraciones posteriores. A esta forma de Primer Fuego la llamamos bizcochado, y la pieza cocida que obtenemos es el «bizcocho».

El bizcochado se realiza a una  temperatura entre 1000ºC y 1100ºC, independientemente del tipo de pasta que estemos utilizando. A esa temperatura la vitrificación está tan sólo empezando. Quedarse por debajo de 1000ºC produce un resultado sinterizado y el cuerpo cerámico no estará vidriado, carece de sonoridad cuando le golpeemos con la uña, y será muy frágil.

Aunque en muchos casos las piezas bizcochadas las dejamos así para siempre por pereza, desdén, dejadez u olvido, la realidad es que una pieza bizcochada no está terminada. Al no haber alcanzado su temperatura de maduración en el horno la pieza será frágil a los golpes y permeable en exceso al agua y a cualquier otro agente que produzca erosión. Un bizcocho tiene sus poros  demasiado abiertos y la única forma de poder convertirlo en una pieza cerámica duradera es añadir un vidriado o cubierta en un segundo fuego.

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