Durante todo el proceso de cocción, muchos óxidos metálicos se volatilizan parcialmente pasando a estado gaseoso a la atmósfera del horno. Este proceso de volatilización es muy acusado en los óxidos de algunos elementos cuando llegan a ciertas temperaturas, de forma que llegan a desaparecer, a nivel práctico, del vidriado.
Los gases volatilizados escapan por la chimenea en parte, pero también pueden volver a caer sobre las piezas y las paredes del horno por sedimentación, la cual provoca una especie de baño superficial. La volatilización y posterior sedimentación de ciertos óxidos se utiliza en ciertas cocciones especiales como los vidriados a la sal, pero en muchas otras ocasiones es un fenómeno indeseable que provoca contaminaciones.
El vidriado de sal, consiste en añadir cloruro sódico (sal) durante la cocción para que se volatilice en el atmósfera del horno y se deposite óxido de sodio sobre las piezas. Como el óxido de sodio también se deposita sobre las paredes del horno, esta forma de vidriado se realiza en hornos especiales dedicados a esta técnica de vidriado.
Otros elementos pasan directamente de sólido a gas sin pasar por el estado líquido (sublimación).
Los óxidos de sodio y potasio, el óxido de plomo y el óxido de boro se volatilizan paulatinamente según va aumentando la temperatura, comenzando a baja temperatura e incrementando su volatilidad con el aumento de la temperatura. Esta volatilidad puede provocar que un vidriado deje de tener las proporciones adecuadas de fundentes y no se funda correctamente a la temperatura prevista.
El óxido de sodio comienza a volatilizarse alrededor de los 1100ºC llegando a la “total” volatilización a 1275º. El potasio, que también se volatiliza, no llega a desaparecer a las temperaturas del horno cerámico. El óxido de plomo es volátil durante toda la cocción y llega a una volatilidad muy acusada a partir de los 1100ºC. El óxido de boro se volatiliza de forma muy acusada a 1150º , especialmente si hay presencia de vapor de agua en la atmósfera del horno, algo muy común en los hornos de combustión.
Algunos colorantes, como los óxidos de cromo, cobre y cadmio, también se volatilizan mucho. Las volatilizaciones de estos óxidos contaminan todas las piezas del horno al depositarse de nuevo sobre las piezas. Por ejemplo, un vidriado blanco de SnO2 se vuelve rosa si se sedimentan vapores de Cr2O3, y si estamos en reducción, se puede volver rosa por sedimentación de vapores de CuO.
Los vidriados de molibdeno pueden realizarse a cualquier temperatura y se pueden conseguir por sublimación (el molibdeno se sublima a partir de 700ºC) de forma que obtendremos cristalizaciones en todas las piezas del horno por precipitación de los gases de molibdeno.
Además de los óxidos mencionados, los cloruros y los fluoruros se volatilizan con mucha facilidad, tanto antes como después de su descomposición. También ocurre esto con los cloruros de metales pesados. Si se dejan recipientes con sal común entre las piezas a cocer, se producirán sedimentos de sodio irregulares y muy vivos, especialmente con atmósfera reductora (debido a las turbulencias de los gases de combustión).
Todas las volatilizaciones se sedimentan también en las paredes y en las bandejas refractarias del horno, creando una pátina pegajosa, que volverá a volatilizarse en las siguientes cocciones.
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